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CRÓNICAS JUAN CRUZ RUIZ: Tomás Páez, un venezolano de La Dehesa

01/10/2017. Periódico El Día

Tomás Páez es un venezolano con aire de haber nacido en La Dehesa, a medio camino entre el Puerto de la Cruz, nuestro pueblo común, y Los Realejos, donde de chico yo iba a tratar de buscar novias que me esquivaban.

Y no es que este venezolano ilustre, profesor en universidades caraqueñas y norteamericanas, sociólogo y antropólogo, responsable de haber puesto en orden, en un libro, el origen de la actual diáspora venezolana, se parezca a los que hemos nacido en esa parte bellísima del Valle de La Orotava, una especie de Macondo de silencio y vegetación; es que Tomás Páez nació allí, siendo un crío viajó a Venezuela, como viajaron tantos de nuestros antepasados. Pero como la naturaleza es como es, sigue siendo como un muchacho de La Dehesa trasplantado al mundo. Es de estatura suficiente (para un bajito como yo todas las estaturas son suficientes), tiene el pelo completamente blanco, un bigote muy portuense igualmente enjalbegado, y un modo de andar que mi padre también tenía: es de los que van deprisa aunque no haya urgencia de ningún tipo. Como decía mi madre, “sin necesidad ninguna”.

Lo conocí en Madrid, en la entrega de unos premios; anoté su nombre y su teléfono, y puse en la aclaración de su identidad: venezolano de La Dehesa. Algún tiempo después necesité hacer un reportaje precisamente sobre la diáspora venezolana, necesité unos datos, recordé un libro al respecto (La voz de la diáspora venezolana, del que es coautor) y lo llamé. En tres minutos me contó sus orígenes, que son los míos, casi exactamente; me dijo que es de los Acevedo del Puerto, y de los Sosa, con los que también estaban emparentados mis padres, que había nacido junto al Casino de La Dehesa, donde mi padre bailó y vivió los inicios de la lamentable guerra civil de la que el Puerto también fue víctima triste, y que se había ido su familia de allí a finales de los años 50 del siglo pasado buscando lo que todos los emigrantes buscaban entonces: que la vida les fuera propicia, a ellos y a sus familiares, en el paraíso que llamaban Venezuela.

Después de que me diera todos los datos que necesitaba para mi reportaje, Tomás me acompañó a comer a un restaurante isleño de Madrid, El Gofio, con toda la familia. Era como si hubiera reencontrado, siglos después, no sólo a un pariente, sino a un chico con el que había jugado en la infancia, o a alguien que esperaba encontrar después de muchos años de búsqueda. Ahora lo acompaño a gestiones que hace, lo propongo para tertulias y para entrevistas, en Madrid y en Tenerife, y me honro sintiendo y diciendo que soy su amigo. Para reafirmar su relación con la diáspora canaria y sus distintas circunstancias el otro día lo llevé a la presentación que el presidente del Cabildo Carlos Alonso hizo en Madrid del simposio sobre momias que ha de tener lugar en la patria de los guanches el próximo diciembre. Ahí conoció a algunos canarios cercanos, y a una portuense cercanísima, Marta Casanova, emparentada con alguien del mismo origen que Tomás, otro Acevedo. Marta Casanova es, ya saben, la muy eficaz secretaria de comunicación del Cabildo isleño.

En fin, que este portuense de Venezuela, o venezolano del Puerto, vuelve este miércoles a su pueblo natal, el Puerto de la Cruz, a hablar de su experiencia en el Instituto de Estudios Hispánicos, que ahora dirige mi primo Pepe Cruz, que también forma parte de la nómina de portuenses que, con sus padres, hizo de Venezuela su patria.

Me gustaría mucho que los portuenses y los que no lo son fueran a conocer a Tomás, porque escucharle es conocer de primera mano y sin prejuicios, ni malos ni buenos, qué sucede allí, qué piensa él de lo que sucede en la Venezuela de ahora y qué hay en el centro de su propia biografía, que parte de ese origen en un lugar que se parece a Macondo y que se llama La Dehesa.

“Historia del turismo: noticia y reflexión”, por Salvador García Llanos.

MARTES, 12 DE SEPTIEMBRE DE 2017

HISTORIA DEL TURISMO: NOTICIA Y REFLEXIÓN

Una noticia y una reflexión.
En el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias (IEHC), acto conmemorativo del 131º aniversario del nacimiento del turismo en Canarias. (Antes, al mediodía, una ruta guiada gratuita desde el antiguo hotel Martiánez -otro vivo ejemplo de la decadencia y de la falta de iniciativa para evitar estampas ruinosas- hasta la plaza del Charco). El acto consiste en la apertura de una exposicion conmemorativa del que empieza a ser aceptado como hecho con el que arranca el turismo propiamente dicho en Canarias.
Es el consejero de Turismo del Cabildo Insular, Alberto Bernabé, quien alude al significado del antiguo hotel Taoro en la historia turística y anuncia que en un plazo no superior a cuarenta días deberá estar resuelto el concurso público convocado para su restauración y restitución de uso turístico y lo que es mejor, hay muchas empresas que se han interesado para participar y hacer viable el proyecto. Es la noticia.
La reflexión la aporta el viceconsejero de Turismo del Gobierno de Canarias, Cristóbal de la Rosa: “Hay que construir un icono sobre el icono que fue el Puerto de la Cruz, en el contexto del desarrollo turístico de Canarias y de Tenerife”. Hubo una época, un antes; y ahora se está viviendo otro tiempo en el que hay que innovar y superarse con tal de reverdecer laureles. Intereses políticos al margen, se está en ese camino.
La exposición, promovida y coordinada por el profesor Nicolás González Lemus, dio pie a este doble planteamiento que fue otro soporte del intento de los historiadores de ir centrando la fecha del comienzo de la industria turística, un proceso que en el Puerto de la Cruz se sitúa en 1886, con la constitución de la Compañía de Hoteles y Sanatorium del Valle de La Orotava, una empresa que arrancó con un capital de veinte mil libras esterlinas, unas quinientas mil pesetas de entonces, hoy, más o menos, tres mil euros. La compañía construye el Orotava Grand Hotel, cuatro años después ya popular Hotel Martiánez, derribado en 1970. Se iniciaba, de acuerdo con la materia investigada por González Lemus, el despegue del turismo como tal. Huéspedes ilustres del establecimiento, entre otros: Bertrand Russell, el gran duque Nicolás de Rusia, Harry Dember, Ernest Hat y Wolfgang Köhler.
En el IEHC quedan fotografías, grabados, periódicos y testimonios de una época determinante del devenir portuense. Su espíritu acogedor y su voluntad cosmopolita consagraron la vocación turística. Los avatares del siglo XX no impidieron una evolución favorable que alcanza su cenit en más de tres décadas, hasta que emergieron otros destinos potentes y con más recursos de suelo.
La noticia y la reflexión sirven para rememorar tiempos de esplendor. Ahora toca impulsar los que, con otras exigencias y en un marco de competitividad muy intrincado, requieren de imaginación, audacia y capacidad de gestión, también de los recursos públicos, en busca de un modelo de productividad económica solvente y sostenible.
Es posible. Hay que seguir intentándolo y esmerándose.

‘Riquezas y olvidos de Tenerife’

Crónica de Juan Cruz en el periódico El Día (09/07/2017):

Siempre me acuerdo de Ayoze Suárez, librero, un emprendedor nato que ama los libros y que por tanto ha desarrollado, al calor de ellos, la solidaridad de imaginar aventuras que les sirvan a otros.

Hace algún tiempo resucitó, para un concurso que convocó el Cabildo de Tenerife, una magnífica idea que tuvieron Eduardo Westerdahl, el pope canario del surrealismo, y Alberto Sartoris, un arquitecto suizo que tomó contacto con ellos en la estela del mismo movimiento.

Ambos concibieron la posibilidad de crear una residencia para artistas en el norte de Tenerife; buscaron el sitio, incluso, y Sartoris, cuya última visita, hace pocos años, antes de morir, fue a Tenerife, llegó a dibujar esos contornos en los que ambos amigos quisieron situar la casa imaginada.

Ayoze propuso que esa idea se restaurara y sirviera como atracción para artistas de todo el mundo que vinieran a la isla a desarrollar sus obras; irradiarían contactos, salvarían a la isla de ese tenue pero persistente olvido de lo cultural que han tenido durante muchos años en el olvido las conexiones del arte isleño con el mundo.

El joven emprendedor hizo su proyecto, se lo premiaron, pero luego nadie se ocupó de esa idea ni nadie pareció entender que si premias algo no es para guardarlo en los cajones del olvido sino para desarrollarlo, para discutirlo, para animar al emprendedor y para animar el futuro de la isla al menos en ese renglón.

Me vino este recuerdo a la cabeza ahora que he hablado con un joven emprendedor canario, empeñado en mejorar la relación de Tenerife con la cultura y el arte. Ahora no viene al caso hacerme eco de su identidad, pues la conversación que tuvimos fue privada, pero me parece que es un hombre que puede hacer mucho con la idea de Ayoze y con tantas ideas que seguro que anidan en las mentes de muchos que quieren que la isla aproveche su historia cultural para hacer mejor el futuro.

De la historia hablamos. En aquel periodo surrealista de la isla, Westerdahl atesoró un extraordinario museo (posible: pero fue imposible) de obras de arte realizadas por quienes colaboraron en Gaceta de Arte, por amistad con él y con sus compañeros de equipo. Donó esa riqueza al Instituto de Estudios Hispánicos del Puerto de la Cruz; pero esa institución tan voluntariosa no consiguió ayuda, hasta hace muy poco, para exponer tal tesoro, que naturalmente fue siendo diezmado por el propio Westerdahl, harto de que su donación estuviera tan desatendida. Hace unos años el emprendimiento de Nicolás Rodríguez Munzenmeier y de Celestino Hernández consiguieron lugar para algunas de esas obras y constituyeron el Museo Westerdahl del que me vanaglorio como portuense.

Desde Los Realejos a Santa Cruz la isla tiene tesoros así, vivos o mortecinos. Imaginemos una línea que vaya del (posible) Museo de Historia en la tierra realejera de Viera y Clavijo al Museo (posible) de Óscar Dominguez en Tacoronte, pasando por el (¿imposible?) Museo del Surrealismo y Otras Artes Modernas del Puerto de la Cruz (¿en el viejo Colegio de los Agustinos, en la Casa de Iriarte?)… Imaginemos todo eso, imaginemos a artistas visitándonos para trabajar, imaginemos las conexiones de las que siempre es capaz el arte… Imaginando, imaginando estuvimos aquel joven tinerfeño y yo bajo la más impresionante tromba de agua (y de truenos) que ha habido en Madrid desde hace años…

Cuando salí de hablar con él, con la grata impresión de que esas ideas que parecen utopías se pueden hacer, fui por las calles lluviosas en busca de datos para un reportaje, seguí mi vida de todos los días, tras las noticias o las entrevistas, pero de pronto me vino a la cabeza el entusiasmo de Ayoze, que me pareció tan parecido al del joven con el que estuve departiendo.

Relacioné lo que le había escuchado al librero con lo que acababa de escuchar y pensé, desde la fabricación de utopías que uno se forma cuando está lejos de la isla, que los sueños no son siempre tormentas en la cabeza, sino posibilidades en el aire. Basta que haya generosidad para escuchar las ocurrencias

‘Lección de Historia sobre el Gran Poder de Dios’, por Salvador García Llanos

martes, 4 de julio de 2017

LECCIÓN DE HISTORIA SOBRE EL GRAN PODER DE DIOS

Lección de historia de la imagen del Gran Poder de Dios a cargo del historiador portuense y vicepresidente del Instituto de Estudios Hispánicos del Puerto de la Cruz, Eduardo Zalba González. Lección entre veintidós ilustraciones y en medio de una de esas polémicas populares que en la ciudad todo el mundo sabe cómo empieza pero nadie cómo acaba y todos relatan a conveniencia (Polémica a cuenta de diferencias entre dirigentes de cofradías con sede en la Peña de Francia pero que, por fortuna, no trascendió en el acto).
Lección apropiada en el acto de apertura de la exposición Gran Poder de Dios: historia y devoción de un pueblo, que estará abierta en el Instituto de Estudios Hispánicos (IEHC) hasta el último día del presente mes. Apropiada porque en el intento de revitalizar la solemnidad y el fervor, nada mejor que el rigor histórico y la explicación cabal de aquellas circunstancias que entretejen la devoción al considerado alcalde y patrón mayor honorario y perpetuo.
Zalba González, además, es devoto del Gran Poder. Además de haber hurgado en antecedentes documentales, ha participado en infinidad de actos religiosos en los que ha contrastado su dedicación. Habla, por tanto, con fe y con conocimiento de causa. Relata los orígenes de la advocación; describe las vicisitudes de la imagen; relata con emotividad los afanes por sanar de Tomás de Iriarte y Nieves Ravelo, portuense insigne; detalla las fotos más antiguas que se conocen de la talla de hechura anónima, originales de otro portuense ilustre, Marcos Baeza Carrillo; disecciona atinadamente los hechos documentados de la leyenda popular sobre el destino que la imagen habría de enfilar (¿Breña Alta, La Palma?) y alude a los acontecimientos más recientes, ya en el presente siglo, que hermanaron a las poblaciones de esta localidad y del Puerto de la Cruz a través de sus instituciones locales para robustecer el fervor y el recogimiento.
La imagen del Gran Poder de Dios es venerada desde el siglo XVIII. La exposición es un espléndido soporte para comprender el alcance de la evolución de ese respetuoso culto. El relato de Zalba viene a complementarlo, con su explicación sobre el grabado de José Tomás Pablo, “que evidencia a la perfección la influencia de la escultura, utilizado como medio idóneo para difundir su incipiente popularidad”; y sobre los documentos, exvotos, actas y objetos que, residenciados en una vitrina que ocupa la centralidad del recinto, permiten conocer otros aspectos de la imagen, incluso de una antigua vestimenta. Una esmerada selección fotográfica, testimonios de distintas épocas, ya con la imagen procesionando o en su emplazamiento, viene a culminar una colección que, en el fondo, es otra manifestación de la devoción que los ciudadanos y los llegados de pueblos limítrofes sienten hacia ‘el Viejito’, la peculiar y coloquial denominación con que los portuenses identifican el Poder y su obra misericordiosa.
Tanto, que alguien patentó uno de esos dichos que llaman la atención hasta por su crudeza:
-Al llegar a La Laguna, un precioso Cristo. Al llegar a Tacoronte, un muy bonito Cristo. Pero al llegar al Puerto de la Cruz, con el Gran Poder, se ‘jodieron’ todos los Cristos.

EL ‘BLUES’ DEL MUSEO, por Salvador García Llanos (29/06/2017)

Miércoles, 28 de junio de 2017

EL ‘BLUES’ DEL MUSEO

Si no fuera porque el Museo de Arte Contemporáneo Eduardo Westerdhal (MACEW), el primero de España en su modalidad, es una realidad viva y sus dirigentes seguirán remando para disponer, por fin, de una sede estable, en el futuro Complejo Dotacional Cultural Espacio San Francisco (es extraño no escribir parque después de haberlo hecho durante tantos años pero la realidad se impone), se diría que las interpretaciones musicales interpretadas por Julia de León (voz), Ignacio González (guitarra) y Guillermo Pérez (armónico), sonaban como un ‘blues’ agónico en la rúbrica del acto conmemorativo del décimo aniversario de la reapertura del museo (2007-2017), en la Casa de la Aduana del Puerto de la Cruz.

No es que el trío, De tres al cuarto, sonara mal, todo lo contrario. Y hasta cabe afirmar que era el estilo apropiado para la ocasión, pese a la tristeza o la melancolía del género. Pero repasando todos los esfuerzos para que un museo de estas características cristalizara en una ciudad como la portuense y el motivo elegido para conmemorar el décimo cumpleaños (una exposición de libros del Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias, IEHC), quizás se vieron envueltos en un halo extraño que pudo dejar desconcertados a los asistentes que minutos antes habían escuchado la enésima elegante reivindicación de un sitio apropiado para el MACEW y la respuesta de los gobernantes, ahora ya más verosímil o creíble habida cuenta del inicio de las obras de adecuación de una casa contigua al vetusto y cerrado parque, paso previo a la nueva dotación tras el concurso de ideas convocado por el Consorcio Urbanístico para la Rehabilitación Turística ganado por Judith Sastre y Simón Francés.

Pero bueno, no fue un aniversario apesadumbrado o doloroso, ni mucho menos. Hace sesenta y cuatro años, la iniciativa de Westerdhal surgía para dar lustre y proyección a la ciudad y a la isla, para albergar pruebas de la intelectualidad creativa. Estuvo muchos años oculto, sin luz visible, como si se tratara de una conjura diabólica para que sus inmensos valores artísticos no fueran apreciados. Y ahora todo da a entender que se está más cerca, incluso, de una mayor superficie del espacio expositivo.

La profesora Margarita Rodríguez Espinosa se encargó de explicar que la biblioteca del IEHC cobraba especial relevancia en este aniversario. “La biblioteca y este museo -igual que el arqueológico en sus inicios, ahora de titularidad municipal- son criaturas del Instituto, nacidas el mismo año de su fundación, que se abrieron al público desde 1953, llenando así el vacío cultural de la primera época de la posguerra”, dijo Rodríguez antes de describir y dar paso a la contemplación de las vitrinas donde figuraba la selección de los fondos bibliográficos.

Hay una relacionada con los fundación del IEHC y los primeros años de su andadura, en la segunda mitad de los años cincuenta del pasado siglo. Otras dos están dedicada al Fondo Sebastián Padrón Acosta. Luego están recogidas las primeras ediciones de autores canarios (las anteriores a 1936 sobrevivieron resguardadas en las bibliotecas de sus propietarios hasta que engrosaron la del Instituto que, durante muchos años, prestó funciones de biblioteca pública) y una última vitrina que alberga las primeras ediciones y obras de autores de la Generación del 27 (1922-36). Un complemento con ejemplares donados por la escritora, artista y editora Pino Ojeda; y otros del matrimonio Holmsen y su hija Lena, hacen de la exposición -junto con el catálogo, cuya portada es un fragmento reproducido del libro Romanticismo y cuenta nueva, de Emeterio Gutiérrez Albelo, 1933)- una deliciosa prueba del esmero que ha significado haber conservadp estas joyas y ahora sacarlas a la luz.

El ‘blues’ no era agónico, qué va: era el canto de décadas de compromiso, plasmado en un museo y sus circunstancias.

SESENTA Y CUATRO AÑOS DE COMPROMISO CULTURAL. García en blog (30/03/2017)

SESENTA Y CUATRO AÑOS DE COMPROMISO CULTURAL. Salvador García Llanos.

 Solo faltaron a la cita -ausencia elegantemente justificada y disculpada por un solvente Eduarzo Zalba como presentador- los familiares de Antonio Ruiz Álvarez, primer secretario general del Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias (IEHC) que conmemoró el sesenta y cuatro cumpleaños de la inauguración de su sede, en la calle Quintana, en la planta inferior del que fue convento y del actual colegio ‘Tomás de Iriarte’. Pero estaban las hijas de Isidoro Luz Carpenter, Magdalena y Constanza, y los hijos de Juan Reyes Bartlet, Ramiro e Isolda, para conceder licencia a la nostalgia de tres grandes valedores de la cultura portuense, de quienes se esmeraron para que el Instituto, contra penurias y estrecheces, enarbolase la bandera intelectual de la ciudad. Estaban los citados, el alcalde, Lope Afonso; el actual presidente de la entidad, José Cruz Torres; sus directivos, socios y otras muchas personas que son fieles a las convocatorias y a sus actos.

Fue una tarde-noche evocadora de más de seis décadas de producción cultural. Los socios, recibiendo las insignias. Los descendientes de los directivos fundadores, con un merecedísimo reconocimiento a títulos póstumo. Con el memorialista Melecio Hernández Pérez, luciendo su bien designada condición de socio de honor. Y con el grupo vocal ‘Reyes Bartlet’, heredero de los mejores valores de la densa trayectoria de la coral y de la asociación cultural -el gran descubrimiento de la noche, José Híjar Polo al frente-, interpretando tanto antiguas canciones populares comoTres epitafios, de Rodolfo Halffter, con texto de Miguel de Cevantes.
Sesenta y cuatro años dan para mucho. Allí se han concentrado exposiciones pictóricas, manifestaciones artísticas, actuaciones musicales, conferencias, investigaciones, entrevistas, presentaciones de libros y publicaciones, recitales poéticos, la copiosa biblioteca… Es muy meritorio haberse mantenido desafiando las limitaciones físicas, primero; y las económico-financieras, después. Lo ha hecho, aunque sea una frase hecha, contra viento y marea. Sus presidentes, sus directivas, sabían que solo su perseverancia favorecería el desarrollo de ejercicios y tareas con las que mucha gente no sintoniza. Hay que agradecerles ese esfuerzo, esa constancia. Dando mucho y recibiendo a cuentagotas. Pero, sin rendirse, con capacidad para seguir creando y manteniendo encendida la llama cultural. Cuantas promesas incumplidas, cuantas demoras… No importa: ahí sigue el Instituto, con sus secciones, con su decisiva conribución a los museos del municipio, con su foro abierto para defender libertades y pluralismo y para que muchos creadores tuvieran su primera oportunidad.
Allí estaban todos, compartiendo la licencia para la nostalgia y las ganas de seguir abriendo surcos, sembrando la simiente que siempre habrá de germinar. Allí estaban los entusiastas y los silenciosos, los que siempre acuden, los que trabajan intramuros, los herederos y los ilustres de que han forjado una trayectoria que es, en buena medida, la historia de la cutura del Puerto de la Cruz en aquella modesta y tranquila estancia de cuya apertura se han cumplido ya sesenta y cuatro años.
¡Enhorabuena!

64 º Aniversario del IEHC, por Evaristo Fuentes (30/03/2017)

64 º Aniversario del Instituto Hispánico.
Se celebró el pasado martes 28 de marzo, un Acto Institucional con motivo del 64º aniversario del Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias (IEHC), en el Puerto de la Cruz. El acto fue igual de sencillo que de suntuoso. Tengo la fecha de inscripción como socio del Instituto en el año 2002, puesto que la heredé de mis suegros, en concreto en el óbito de mi suegra, que se produjo ese año. Pero yo frecuento y frecuentaba el IEHC desde mucho antes, desde hace uno sesenta años. Y voy a comentar dos anécdotas. La primera es inolvidable y la tengo apuntada en mi diario, fue exactamente el día miércoles 10 de enero de 1962 (¡hace ahora cincuenta y cinco años!), cuando asistí a la conferencia de César González-Ruano, periodista y poeta lírico, novelista y autor dramático, aunque tuvo problemas con la política. Pero lo más importante para mí fue que asistí a aquella conferencia con mi novia, la que hoy es abuela de mis nietos.
La otra anécdota, es que en los Cursos para Extranjeros de cada año, siempre solía colarme al entresuelo lateral y desde allí oía el acento canario auténtico de don Telesforo Bravo, explicando a los cursillistas las maravillosas diapositivas de todas y cada una de las Islas—incluidas las Islas Salvajes, donde don Telesforo pernoctó al menos una vez– diapositivas que proyectaba con ayuda de su hijo Jesús y su yerno Juan.
Solo me queda felicitar al IEHC por la preparación y realización de este importante acto en su 64º aniversario. Y un abrazo especial a Melecio Hernández Pérez, nombrado socio de honor, que se dejó llevar por la emoción entrecortada, al pronunciar su como siempre bien hilvanada redacción. Sin que nadie lo notase, casi me emocionó a mí también, porque eso se contagia, pero no como una enfermedad, sino como la salud mental que trasmiten las personas de bien como Melecio.
Muchas gracias, queridos amigos del Instituto, por hacerme pasar un rato tan agradable como inolvidable.
Espectador= Evaristo Fuentes

64.º aniversario del IEHC. Periódico La Opinión de Tenerife (30/03/2017)

El Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias celebra su 64 aniversario

La Opinión 30.03.2017 | 01:39

El Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias congregó ayer, de manera excepcional y en un mismo acto, a más de un centenar de socios numerarios para hacerles entrega de la insignia de la institución.

Se trata de una convocatoria sin precedentes en la historia del centro, en el día simbólico en que se cumplió el 64 aniversario de la inauguración de la sede de la calle Quintana, en donde permanece hoy. Al acto acudieron socios de número, socios de honor, la junta directiva al completo y representantes de la corporación municipal.

A lo largo de 75 minutos, la velada se estructuró en torno a dos bloques en los que los socios fueron llamados por orden de antigüedad, de más reciente a más antiguos.

Además, la institución acordó reconocer a Melecio Hernández Pérez como socio de honor haciéndole entrega de un recuerdo que testimonia esta decisión de la junta de gobierno que fue ratificada por la asamblea. El homenajeado no pudo contener la emoción al dictar unas palabras donde manifestó la satisfacción personal que suponía para él tal designación.

Sobre los actos del 130.º aniversario del nacimiento del turismo en Canarias

ANIVERSARIO TURÍSTICO, por SALVADOR GARCÍA

Historia, cientificismo y porvenir, tres ángulos desde los que contemplar el nacimiento del turismo en Canarias, ocurrido en el Puerto de la Cruz hace ciento treinta años, un aniversario (1886-2016) que el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias (IEHC) ha sustanciado como una rigurosa aportación al conocimiento y la evolución de un sector productivo y de una filosofía de vida que parece tener, como ya hemos dicho, una indeclinable vocación de acogida, cosmopolitismo, multiculturalidad y cultivo de fórmulas de ocio, es decir, destino vacacional por antonomasia.

Una exposición conmemorativa (que permanecerá abierta hasta el próximo 5 de octubre) en el MACEW (Casa de la Aduana), tres conferencias y un acto festivo-cultural previsto para el próximo 27 de septiembre, en ocasión del Día Internacional del Turismo, dan contenido a este aniversario que reafirma el carácter seductor de un lugar que, turísticamente hablando, ya tiene una historia centenaria de la que, gracias a investigaciones y estudios, se van conociendo hitos, episodios, decisiones y aspectos que la caracterizan con una riqueza considerable.

El sueño del portuense, según el profesor Nicolás González Lemus, nació en 1886. En pleno siglo XIX, los escarceos de los naturalistas en lo que él llama prototurismo y la aparición de la climatoterapia, hasta la visita de Gabriel Belcastel, un político conservador francés que acompañó a su hija para el tratamiento de una enfermedad bronquial. Belcastel, autor de un libro muy apreciado, Las islas Canarias y el valle de La Orotava bajo el punto de vista médico e higiénico, estudió y analizó registros de temperaturas, higrometría y atmósfera, de modo que pudo establecer comparaciones muy llamativa. Según González Lemus, Belcastel influyó decisivamente en la toma de conciencia del potencial del turismo entre los lugareños.

Otro papel determinante es el del director de la Royal Meteorological Society (RMS)de Londres, William Marcet, quien conecta con unos hacendados locales, interesados en edificar establecimientos hoteleros, en concreto, en la zona de La Paz. El Ayuntamiento portuense hace toda una declaración de intenciones en abril de 1883, al considerar que las obras proyectadas por Nicolás Benítez de Lugo “son de las más útiles que pudieran emprenderse”. El final de la declaración es ilustrativo: “Este Ayuntamiento cree que la obra debe declararse de utilidad pública y con derecho a la expropiación forzosa de los terrenos necesarios para la construcción de hoteles”.

Y entonces surge el núcleo originario de la que habría de ser industria hotelera portuense. En abril de 1886 se registra, con un capital de veinte mil libras, la Compañía de Hoteles y Sanatorium del valle de La Orotava. Nicolás González Lemus dice en su trabajo que el objetivo era construir un hotel pero, hasta su consecución, la compañía inició su actividad con el arrendamiento de la residencia personal de Antonia Dehesa Sanz, en la zona conocida como Llanos de Martiánez, para establecer el primer hotel, el Orotava Grand Hotel, conocido a lo largo de la historia como el hotel Martiánez, abierto al público el 1 de septiembre de 1886. Dada su esca capacidad alojativa, la compañía decidió arrendar otras tres casas, Lavaggi, Marqués y Zamora. Ese es el germen, el sueño del portuense hecho realidad, como se contrastaría pocos años después, en las navidades de 1890, con la apertura del hotel Taoro.

El matemático orotavense José Manuel González Rodríguez, catedrático de Métodos cuantitativos para economía y empresa de la Universidad de La Laguna, analizó “Los años del boom del turismo de sol y playa”. Su exposición, apoyada en tablas y gráficos, permitió conocer la evolución y la incidencia del sector en un municipio, al menos desde la disponibilidad de registros y estadísticas. Fija en la Ley del Suelo de 1957 y en la redacción del primer Plan General de Ordenación, a cargo del arquitecto Luis Cabrera Sánchez-Real, el enfoque definitivo del Puerto de la Cruz hacia un modelo de desarrollo turístico. Ahí están los nombres de los hermanos Fernández Perdigón, Pedro y Sebastián, propietarios de los terrenos; del constructor Luis Díaz de Losada; y de los inversores, Cándido Luis García-Sanjuán, Diego Benítez de Lugo y Ángel Piñeiro, e Isidoro Luz Cárpenter, alcalde, como baluartes de lo que habría de convertirse en un pequeño emporio.

Distinguió en su estudio el profesor González una primera fase en la que el número de camas se cuadriplica cada cuatro años para dar pie a un nuevo escenario: “Expansión ¿desmedida? de la oferta”. La respuesta está en la segunda fase de su investigación: en julio de 1974, siendo alcalde Felipe Machado González de Chaves, se aprueba un nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), en el que se amplía suelo para uso turístico, es decir, hay un cambio de modelo y se incrementa el número de plazas. Pero el Puerto tiene que empezar a competir con los sures, de Tenerife y de otras islas. Cierto que hay una etapa de esplendor, hasta finales de los setenta, pero llega la crisis y empieza la lucha por los recursos escasos.

En efecto, esta apreciación de González Rodríguez es determinante para entender el estancamiento del Puerto como destino turístico: sus limitadísimos recursos de suelo se unieron a una falta de visión del promotores y empresarios locales que, disponiendo de experiencia y habiendo avanzado como nadie en el planteamiento del negocio, creyeron que la competencia sureña e interinsular no les iba a afectar, prefirieron conservar y acomodarse y no emprendieron ni apostaron por la cualificación y la innovación cuando estaban en disposición de hacerlo.

En la tercera de las conferencias, el profesor de la Escuela Universitaria de Turismo de la Universidad de La Laguna, Oswaldo Ledesma González, consignó algunos de estos antecedentes para hablar de “El Puerto de la Cruz hoy y el nuevo modelo turístico”. Se refirió al concepto de Richard Butler de 1980 sobre el ciclo de vida de un destino turístico y fijó el año 2007 como año clave para concebir y realizar el actual modelo.

Ledesma fue prolijo y minucioso con la explicación del Plan del Turismo Español Horizonte 2020, aprobado entonces, y que ha dado pie al Consorcio para la Rehabilitación Turística del Puerto de la Cruz que intenta, no sin dificultades, encabezar un proceso de reposicionamiento de un destino turístico en el que confluyen distintos planes y en el que se requiere no solo las aportaciones de las administraciones públicas concurrentes sino la identificación de los agentes privados. Ledesma fue cauto y no anticipó valoraciones, a la espera de que discurra el tiempo imprescindible para contrastar resultados. Pero sí insistió en que toda la planificación del Consorcio es, en sí misma, la que sustancia el modelo y las directrices de la ciudad portuense que libra una pugna, no solo contra los recursos escasos, como vimos antes, sino contra la desidia y la falta de iniciativa e identificación de los sectores público y privado. El profesor Ledesma subrayó el relieve de la marca Puerto de la Cruz, que es el primer destino urbano multiexperiencias de Canarias. Y eso hay explotarlo y aprovecharlo.

 

En fin, un aniversario, el 130 del nacimiento del turismo en el archipiélago que ha significado, en síntesis, un mejor conocimiento de los orígenes, de su crecimiento, de su expansión y de sus perspectivas futuras que, teóricamente, por cierto, deben seguir alimentando esa filosofía de vida que caracteriza al Puerto de la Cruz.